Nuestra crónica comienza con el típico viaje en coche dirección Madrid donde desafortunadamente no tuvimos oportunidad alguna de atropellar una hilera de sandías (más tarde se explicará el sinsentido de esta frase), para llegar finalmente a nuestro “piso franco”, el hostal donde nos íbamos a hospedar. Un lugar que podría ser confundido con la sede de las Naciones Unidas si no fuera por el bajo nivel adquisitivo que reinaba sobre la zona.